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El Olvidado Tacto

Por : Elias Forero Illera
Internista reumatólogo 



24 Febrero, 2021

https://doi.org/10.46856/grp.22.e066

"Al otro lado de la línea se escucha una voz ligeramente ronca, viene acompañada de una risa inconfundible. Es doña Merce, a sus 81 años recién cumplidos, se le escucha de buen talante. No la puedo ver, problemas tecnológicos limitaron el acceso a una videollamada. Sin embargo, conversa y responde a mis preguntas rutinarias con el buen ánimo y la exactitud que le conozco desde hace varios años"

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Al otro lado de la línea se escucha una voz ligeramente ronca, viene acompañada de una risa inconfundible. Es doña Merce, a sus 81 años recién cumplidos, se le escucha de buen talante. No la puedo ver, problemas tecnológicos limitaron el acceso a una videollamada. Sin embargo, conversa y responde a mis preguntas rutinarias con el buen ánimo y la exactitud que le conozco desde hace varios años. Conocerla facilita las cosas, no sería lo mismo si se tratara de una primera consulta. Si descubrir el padecimiento que afecta a un paciente es difícil teniéndolo enfrente, ahora sin verlo y sin tocarlo hace más complejo el ejercicio de la medicina.

Sin embargo, el tiempo no está para quejarse, es el momento de aprender y aprovechar los nuevos desarrollos que las situaciones extremas deparan. Es bien sabido que en los momentos de crisis el mundo es capaz de producir tecnologías que han redundado en notorios beneficios para la humanidad. Solo por anotar una referencia, gracias a la segunda guerra mundial se invirtieron los recursos necesarios para el desarrollo de la cortisona como fármaco (1) .

La pandemia por supuesto no es la excepción, los avances tecnológicos han permitido mitigar las restricciones impuestas por las autoridades sanitarias con el fin de evitar el contagio viral. El rápido crecimiento de la virtualidad nos ha permitido, mantener el contacto social y laboral necesario para sostener el “statu quo” de “esta pobre humanidad agobiada y doliente”. 

Los elementos tecnológicos disponibles permiten que desde el seguro y resguardado hogar muchos trabajadores mantengan gran parte del aparato económico mundial. Tan importante como la economía es poder mantener las relaciones familiares y de amistad con las personas que habitan fuera del ámbito hogareño. Con los elementos tecnológicos disponibles se puede ver y escuchar con excelente resolución, toda clase de eventos antes insospechados.

De aquellos primeros eventos laborales y académicos, facilitados por las plataformas virtuales, se fue pasando al cubrimiento de prácticamente todas las actividades sociales de las que es capaz el ser humano: festejos de cumpleaños, participación en misas de difuntos, bodas, conciertos, obras de teatro y todo lo que a la sociedad se le ocurra, no hay límite. Gracias a la tecnología y a la intrepidez de los organizadores, se llevaron a cabo eventos que en otra época lucían imposibles. Para la muestra otro botón, los grandes eventos de la reumatología mundial EULAR, ACR y PANLAR fueron exitosos, gracias al desarrollo tecnológico.

Sin embargo, algo hace falta a esta comunicación virtual para que sea aceptada de manera inobjetable. No es suficiente con enviar mensajes ambientados con las mejores melodías y bellísimos fondos tomados con altísima resolución, visibles desde cualquier ángulo. Los importantes sentidos de la visión y audición se quedan cortos cuando se trata de tener una comunicación completa.  

Resulta que el intercambio de información adquirida por medios visuales o auditivos debe consolidarse con el uso de un sentido un poco menos valorado, pero tan importante como los otros cuatro, el sentido del tacto. Este sentido, resultado del estímulo de numerosos receptores localizados en nuestro órgano de mayor tamaño, la piel, concreta y mejora la comunicación. Cuando unas manos se estrechan de manera firme y vigorosa debe darse por hecho que se ha logrado un buen convenio. Un abrazo estrechado con el entusiasmo que permite percibir las formas y el calor de la otra persona, demuestra el afecto sincero entre los que se abrazan. El contacto rápido y coqueto de las mejillas acompañado de una sonrisa cómplice, augura un próximo encuentro o un beso húmedo y profundo garantiza una relación más intensa en los próximos minutos. No lo duden, el sentido del tacto sella y da el aval a la comunicación visual y auditiva. Tacto, ese es el aspecto que le falta a la virtualidad para ser perfecta.

 

Referencias

Uchibayashi M. [Forgotten episodes of the birth of cortisone]. Yakushigaku Zasshi. 2001;36(1):70-5. Disponible en https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11777000/

 

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