Columna
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El vacío que acecha el cruce

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15 Diciembre, 2020

https://doi.org/10.46856/grp.22.e051

"For death is not the end. And I'll see you in my dreams. Bruce Springsteen"

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En Porto Alegre, al lado del hospital donde estaba mi amigo, hay un puente. Sobre el puente el distraído hombre que plantaba palmeras siguió su trabajo sin darse cuenta de que estaba cruzando el arroyo. Resultado: hizo lo que parecía imposible y de la aparente ilusión una realidad. Basta mirar bien, sobre el puente hacia el cielo se levantan majestuosas palmeras, abajo, donde inocente ignorancia botánica y sentido estético adivinarían raíces en igual proporción, vacío. El lapso libre, la magia y el misterio.

Palmeiras sobre a ponte do riacho

Palmeiras sobre a ponte / Arte gráfica: F. Neubarth 

Hay cosas que no se ven. Aprender lleva tiempo y hay maletas que vienen en tren. Hubo un tiempo en que tener un pañuelo blanco limpio, bien planchado, se preparaba para cualquier eventualidad en el camino, desde el sudor hasta las lágrimas, el herido en la caída, desde la protección en el polvoriento asiento hasta el armisticio en la declaración de guerra.

He estado usando máscaras, pero extraño las bufandas. Especialmente en el muelle.

El silencio contrito de ese hombre es ya una de las imágenes más elocuentes del inventario que quedará de esa época pandémica. La figura del joven sentado en el alféizar de la ventana de un hospital palestino en la ciudad cisjordana de Hebrón, corrió el mundo. En una zona de conflicto, no había posibilidad de sentir más que la empatía con el sufrimiento del niño velando por el sufrimiento de la madre ingresada en el hospital sin poder recibir visitas.

La madre de Jihad Al-Suwait, de 30 años, era una mujer mayor y ya padecía cáncer. Tuvo que ser admitida a principios de julio. La familia no pudo ingresar al hospital debido al riesgo de contaminación por covid-19. Su hijo la visitó todos los días hasta su muerte el 16 de ese mes. Todos los días, trepaba por las paredes exteriores del hospital hasta la ventana del tercer piso para acompañarla desde fuera de la habitación donde se encontraba.

Ubicada en Judea, Hebrón es la ciudad más grande de Cisjordania y es considerada sagrada por judíos, cristianos y musulmanes. Hebrón significa "confederación", en el sentido de amistad, alianza. Escenario de varios hechos históricos, es conocido principalmente por los hechos relacionados con Abraão.

No muy lejos del hospital donde Jihad iba a visitar a su madre se encuentra la Tumba de los Patriarcas. Para los judíos el lugar se llama Me-arat Hamachpelah, en hebreo, que significa "la tumba de dobles sepulturas" y, según la tradición, allí están enterradas importantes parejas bíblicas. En Génesis 49: 29-31 seguimos la recomendación expresa de Jacob a sus hijos en el lecho de muerte: - "Me congrego con mi pueblo; entiérrame con mis padres, en la fosa que está en el campo de Efrom, el hitita". Y él argumenta: "Allí enterraron a Abraham y Sara su esposa; allí enterraron a Isaac y Rebeca su esposa; y allí yo enterré a Lea". Los árabes lo llaman Haram el Khalil, "el lugar sagrado del amigo (de Dios)", Abraham.

Kalil significa "amigo", "amigo íntimo", "camarada honorable". La expresión se usa cuando se habla de alguien muy estimado. El al que me refiero al principio de la crónica fue uno de estos; y ese era también su nombre. Debido a un notario, debieron haberse mudado a Calil, con C. El padre vino del Líbano, de tierras cercanas a aquellas donde Jihad se sentó en la ventana del hospital para ver a su madre. En las historias de estos Calil, la misma conexión fuerte con el respeto por el cordón umbilical que nos une a un vínculo de identidad familiar, tribal, necesario también para un sentimiento de pertenencia y trascendentalidad. Cuando se le pregunta sobre sus orígenes, la respuesta es la misma: - ¿De dónde venimos? ¡De la montaña, por supuesto! ¡Descendientes de los fenicios de la ciudad de Jounieh!

Además de la simbología religiosa e histórica, los ritos de iniciación son importantes para alimentar los sentimientos de la humanidad, un problema de salud. Este tiempo gris no nos ha permitido ejercer el sagrado derecho al adiós. No pude despedirme de ese amigo. Ni de Henrique, el padre, ni de Chinês, Simone y Paulinho ...

Pero entre tantas cosas que me enseñó el amigo Calil, esa forma de terminar cualquier encuentro. Supongo que se enteró del eslogan cuando todavía estaba en Santa María conocido como "Queijo", una estrella del baloncesto del estado. Antes de venir a Porto Alegre para practicar la medicina y encontrar a Gi. Probablemente lo había escuchado en ondas de radio inmigradas desde Argentina, entre tangos y silbidos. Se despedía siempre con un: - "¡Adiós. Y gracias!".

El agradecimiento se hizo con un pañuelo blanco; puede ser útil, garantía de no dejar nada atrás.

Hay que plantar palmeras en el camino y creer que van a crecer, pero en el camino habrá un puente, un pasaje que se eleva por encima del misterio de lo que no vemos. Que tenga razón el poeta, que la muerte no es el final y nos veremos en sueños. Sin embargo, es bueno estar preparado. Es como otra lección: - ¡Amigo, adiós y gracias!

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