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En busca de la tranquilidad perdida

Por : Elias Forero Illera
Internista reumatólogo 



22 Diciembre, 2020

https://doi.org/10.46856/grp.22.e056

"Durante un poco más de 50 años he aprendido a superar problemas de salud, económicos y laborales con éxito, pero esta ‘corona crisis’ parece ser superior a mis fuerzas. "

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Son las cuatro de la mañana, los primeros rayos del astro rey todavía no atisban por mi ventana. Caigo en la cuenta de una consecuencia particular no sospechada de la pandemia, el proverbial sueño de los Forero ha disminuido. Afortunadamente continúa siendo reparador, pese al menor número de horas sigo disfrutando del total descanso.
Pondré en práctica un consejo ofrecido a mis pacientes insomnes desde hace mucho tiempo: usar las horas que deja el insomnio en actividades productivas. Aprovecho
entonces, para leer un par de artículos.


El silencio de la madrugada y la fresca temperatura facilitan la concentración. La conferencia en preparación necesita de toda mi atención. Ahora que lo pienso otra consecuencia de la pandemia fue el aumento en las reuniones académicas. Este año he participado en más actividades académicas que en muchos años juntos de ejercicio profesional.

De pronto, dos episodios de tos seca me devolvieron de golpe y porrazo a la realidad. Latos me recuerda la presencia del virus de marras y lo vulnerables que somos ante su ataque. El distópico enfrentamiento de nuestra sociedad con el COVID-19 despierta en mí tal incertidumbre y sensación de impotencia que me mantengo aprehensivo, no sé qué hacer.


Me cuesta mucho ser pesimista, la vida me ha enseñado que con algunas herramientas intrínsecas como esfuerzo y disciplina podemos superar muchas dificultades. Durante un poco más de 50 años he aprendido a superar problemas de salud, económicos y laborales con éxito, pero la pandemia parece ser superior a mis fuerzas. Una consecuencia más de la llegada del dichoso virus, aprendí a reconocer mis íntimos temores.

En momentos como estos, apelar a la ciencia es una de mis alternativas más socorridas. El problema es que la siempre efectiva ciencia se toma su tiempo para ofrecer soluciones, como debe ser entre otras cosas. Hasta hoy, todo sigue en el terreno de lo experimental y nada se concreta. La hidroxicloroquina, la azitromicina, la ivermectina y otras drogas “promisorias” salieron del llavero a las primeras de cambio. Sus bondades teóricas no
aguantaron los primeros análisis metodológicos.


El Remdesivir, inicialmente exaltado, paulatinamente ha perdido credibilidad. El conocido y lapidario estribillo, se necesitan más estudios para confirmar su eficacia, con el que se cierran muchos trabajos fracasados, ya se lee en las guías más recientes (1).


La Dexametasona está reservada para los casos severos de compromiso pulmonar, pero en los casos usuales no tiene cabida. El tocilizumab y el baricitinib, traídos de otros escenarios conocidos por los reumatólogos, también parecen tener algún efecto terapéutico en casos severos, pero no se termina de concretar un esquema de tratamiento con una efectividad razonable. En fin, la esperanza está puesta en las vacunas, fármacos
que todavía requieren algún tiempo y dinero para su uso sea masivo. Sigo preocupado, la
ciencia se demora.


Casi sin pensarlo cerré la magnífica revisión sobre el papel del complemento en la etiopatogenia de las enfermedades reumáticas y me fui a buscar aguas tranquilas para mi barca. Me distraje leyendo datos científicos “light”, ocurrencias de unas y otras, videos musicales, memes buenos y malos. Nota aparte merecen las columnas escritas por Alberto Palacios y Fernando Neubarth en Global Rheumatology, son fantásticas, combinan muy bien la vivencia personal con profundos mensajes. En fin, leyendo y escuchando música pasaron con brevedad alrededor de dos horas, mis temores fueron diluidos por Palacios, Neubarth, Lavoe y otros más.


Lo uno me llevó a lo otro, si las lecturas produjeron unas horas de tranquilidad, olvidando por un momento los efectos de la pandemia, pues colaboramos con aquellos amigos que encuentran en la lectura una fuente de sosiego. Decidí entonces en un Google Drive (2) colgar “Las trampas de la nostalgia” mi primera empresa editorial. En el blog (3) también encontrarán temas variados que espero sirvan para algo.

En estos días dedicaré mis horas de insomnio a escribir algunas crónicas de vida que tal vez me relajen más a mí, por escribirlas, que a ustedes por leerlas. Pero nada que hacer, estamos en tiempos de la corona-crisis, en donde todo lo que sirva para buscar la tranquilidad perdida, se vale...

 

1. BMJ 2020; 370: m2924 doi: https://doi.org/10.1136/bmj.m2924 (Published 30 July 2020)

2. Las Trampas de la Nostalgia https://drive.google.com/file/d/1_e7WvrygVO46biO47p4BmXNd-5QC-4W9/view?
usp=sharing

3. Blog de Elìas Forero http://eforerocuenta.blogspot.com/

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