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Poema para un Leprechaun

Por : Fernando Neubarth
Médico y escritor. Especialista en Clínica Médica y Reumatología, Presidente de la Sociedad Brasileña de Reumatología/SBR 2006-2008. Presidente del Consejo Consultivo de la SBR.



11 Octubre, 2021

https://doi.org/10.46856/grp.22.e099

"Lay your ear close to the hill. Do you not catch the tiny clamour, Busy click or an elfin hammer, Voice of the Lepracaun singing shrill As he merrily plies his trade? William Allingham - The Lepracaun (en el original con a y sin h), Or, Fairy Shoemaker. (Este poema del siglo XVIII describe el sonido de la paliza de un duende zapatero: "Pon tu oído cerca de la colina. No oyes el pequeño clamor del agitado golpe del martillo elfo, la voz del duende cantando estridentemente mientras se dedica felizmente a su oficio?") "

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La primera vez que lo vi, estaba apoyado casualmente contra la pared del auditorio. Debajo del brazo, sujetado de forma segura por la axila, una revista doblada.

El año 1985. Mi primer evento en la especialidad, Jornada Cone Sul de Reumatología, en Curitiba, en el que, puedo decir, nació este sentimiento, muy cercano a la fascinación por la Sociedad Brasileña de Reumatología, nuestra SBR. Un gremio donde todos se conocían, un espíritu de familia que se confirmaría a lo largo de ese tiempo, de relaciones fraternales y amistades perennes, sin fallar, sin embargo, como en cualquier grupo de hermanos y primos, entre abrazos y expresiones de afecto, otros sentimientos humanos, disputas, celos, contiendas.

En esa ocasión particular, se produjo la elección, entre dos grandes profesores, Adil Muhib Samara y Wiliam Habib Chahade, de quien organizaría el Congreso de la International League Against Rheumatology (ILAR) en Brasil, a realizarse en Río de Janeiro, en el entonces todavía lejano 1989. Una efervescencia sublime agitó el evento, incitando un ambiente de disputa un tanto juvenil, movilizando a la afición como en un juego de equipos rivales al final del campeonato.

Pero esa es otra historia. Quiero volver con ese tipo apoyado contra la pared esa mañana de noviembre. En el escenario, otro de nuestros grandes maestros habló de una de las muchas patologías de nuestra especialidad, tan rica en signos, síntomas, deformidades típicas y consecuencias desastrosas y que en su momento parecía destinada a una inexorabilidad, tan acre como aparentemente natural.

El nuestro consuelo de aprendices fue la certeza de que viviríamos de una práctica investigadora permanente, un inmenso juego de puzzles formando mosaicos coloridos y siempre inaugurales. Paralelamente, la convicción de que medicar es también cuidado, aceptación y, cuando nada más queda, empatía, solidaridad en infusiones de esperanza.

A medida que la sesión llega a su fin, el tipo alto se echa hacia atrás, con la mano derecha desenvainando el sable, es decir, la revista hasta entonces sostenida en la axila izquierda y, con pasos decididos que parecen un gato-espadachín, se acerca del escenario. Pide la palabra. Con un fuerte golpe, anuncia la última información científica, un estudio publicado recientemente en cualquier otro lugar y que contradecía completamente lo que un Goliat ahora derrotado acabo de profesar desde ese púlpito.

Así conocí a Morton Aaron Scheinberg. En sucesivos encuentros el patrón se hizo más suave. Esa figura una vez amenazadora y provocativa resultó ser un encendedor eterno, ya no con mechas explosivas, sino con chispas de luz instigadoras.

Hubo muchos intercambios de mensajes y llamadas telefónicas. El amigo Jorge Renato Dib, también reumatólogo de Porto Alegre, dice que a veces él llamaba a media tarde entre citas solo para contar una historia jocosa, una broma o algún comentario sobre nuestra política nacional única. Para mí, en su mayor parte, cualquiera que fuera el tema, la prosa terminaba en un proverbio en yiddish.

Confieso que siempre me mantuve preparado, y si él estaba en casa, incluso llamaba a su esposa y me hacía repetir lo que le había dicho: - ¡Cecilia, Neubarth sabe yiddish! De inmediato se puso en contacto con el profesor Isídio Calich, otro gran amigo, y la conversación ya se desarrollaba como la de los vecinos de un pequeño pueblo, un "shtetl". Como Isidio también nació en Rio Grande do Sul, lo desafió, quería que descubriera con conocidos en el sur el nombre del rabino que ciertamente me había circuncidado - ¡No puede ser, Neubarth no puede ser un goy!

Hoy le comentaría, recordando estas historias, que con el tiempo hasta el oso aprende a bailar. En yiddish, claro: "Mit der tseyt, afilu der ber lernz tsu tantsn" y como siempre le provocaba esa risa suave y algo melancólica de quien se remonta a la infancia y conoce el valor de reírse de uno mismo. "Lomir fun ales lachn, veln mir besser machn", es mejor divertirse que sufrir.

El adiós de Morton Aaron Scheinberg (12-11-1944 - 27-09-2021) nos dejó a todos sorprendidos y tristes. Referencia en el campo de la reumatología no solo en Brasil, sino a nivel internacional. Graduado en Medicina de la Facultad de Ciencias Médicas de la Santa Casa de São Paulo, con un Doctorado en Medicina de la Universidad de Boston y una cátedra en Inmunología de la Universidad de São Paulo. En 2012 recibió el título de Máster por el American College of Rheumatology (ACR). Especialista en reumatología e inmunología clínica, trabajó principalmente en las áreas de autoinmunidad, terapéutica y diagnóstico, en hospitales como Albert Einstein, Abreu Sodré y Beneficiência Portuguesa, en la práctica privada, participando en investigaciones clínicas y realizando simposios y conferencias.

En 2006, cuando asumí la presidencia de la SBR, quise acercarlo a la vida corporativa y creé un nuevo cargo, una representación en el American College of Physicians (ACP), del cual era miembro y que pronto anunciaríamos la posibilidad de una beca de programa internacional de fellowship, financiada por la entidad, y que tuvo como primera beneficiaria la profesora Marta Maria das Chagas Medeiros, brillante reumatóloga de Fortaleza, Ceará.

Además de tantos predicados, Morton Scheinberg mantuvo siempre ese mismo espíritu inicial de curiosidad científica y sus intervenciones en cualquier encuentro dejaban ese tono competitivo para convertirse en un desafío permanente para la colaboración y la búsqueda de nuevos conocimientos. Se puede decir que los ponentes ya no le temían, sino que estaban preparados para responder a sus preguntas, que muchas veces sirvieron de estímulo a nuevas preguntas e incitación a continuar investigando desde una perspectiva innovadora. Investigador incesante y magnífico productor de artículos, no sin un orgullo justificado, advirtió con admirable frecuencia de la publicación de artículos en las mejores y más respetadas revistas científicas internacionales.

Pero si había entusiasmo allí, se volvía conmovedor cuando, en cualquier encuentro, viaje u oportunidad, siempre con Cecilia, hablaba de sus hijos y nietos. Sobre la importancia del registro en papers le diría, como si hablara de la Ley: "Az ess shteit nisht, zogt men nisht" - lo que no está escrito no cuenta. En relación con la familia también estaríamos de acuerdo: "Imetim iz gut, ober in shtib iz besser" - ¡en todas partes es bueno, pero en casa es mejor!

Recordando todo esto y su sonrisa característica, una especie de forma irónica de torcer la boca, es imposible no recordar otra de sus pasiones, el baloncesto, que practicaba y los Boston Celtics, su equipo favorito, cuyo logo decoraba su identidad en Whatsapp. Ese duende, un leprechaun apoyado en un bastón, sonriendo y guiñando el ojo izquierdo con picardía, sombrero, pajarita y chaleco decorado con tréboles verdes, símbolos de la suerte. No tengo ninguna duda de que, en cuanto pasemos esta pandemia y los congresos vuelvan a estar presentes, lo volveremos a encontrar cada vez que un espíritu pícaro y vivaz desafíe con su curiosidad y suscite preguntas relevantes, rompiendo las falsas certezas de una ciencia en constante mutación.

Así se hace el aprendizaje y los que saben un poco de baloncesto y de los Boston Celtics saben que los principales fundamentos de este deporte son: pases, regate, lanzamientos, tiros libres y rebotes. Así es como he visto jugar a Morton desde el primer día que lo conocí. También escuché que los goblins siempre están más allá del arcoíris, donde también se encuentran calderos de oro.

Es la vida: "Der mentsh tracht, und Got lacht". El hombre planea y Dios se ríe.

 

 

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